Acabo de leer de que un Gijonés hizo una película sobre el paisano, mi papi. A partir de esa información empecé a leer todo lo que se dice sobre él, como hombre político, como líder con una ideología ejemplar para todo ser humano con afinidades a su inclinación política o no. A cada vez que leo lo que se ha escrito sobre su vida me doy cuenta de que los laureles se le dan como miembro del partido, que no es poca cosa, pero nadie habla de él como persona, como la representación leal de quién era, el hombre que en su vida diaria conservaba una humanidad poco ordinaria.
Mi primer recuerdo de papi es cuando estaba en la cárcel de Carabanchél. Lo iba a visitar, según la memoria de una niña, todos los días. Más tarde supe que era de vez en cuando. Seguramente que guardé todas las memorias juntas hasta que se volvieron un momento continuo en el que jugaba con mi abuelo y me sentía la persona la más importante en su vida.
A partir de ahí tengo la imagen del maestro, en la cocina de la casa en la que estaba prisionero, mientras me enseñaba a sumar y restar. Cuando comíamos juntos y yo miraba todos sus movimientos tratando de imitarlos. Como cuando comía una manzana con un cuchillo, pelándola, cortando rebanadas, manteniendo la rebanada de la manzana con el cuchillo mientras se la llevaba a la boca. Me acuerdo de papi hablando con los tricornios, los guardias civiles que estaban en el piso, tratándolos como invitados. Los que estaban en casa nunca los vi como enemigos porque papi no los trataba como enemigos. Me acuerdo de haberme caído en el estacionamiento atrás del edificio donde vivíamos, un guardía civil me cargó cuando me vió para traerme a casa, y dormí entre mami y papi porque me dolía la rodilla.
Me acuerdo de ese hombre que era para mí mi padre, decirle a su mujer "Terina" con una voz dulce a cada vez que yo pedía algo y mami no quería, como diciendo "déjala" cosa que volvía a mami loca.
Después nos mudamos y veía a mis abuelos una vez al año de vacaciones. El recuerdo que siempre conservo es el de papi decirme, mientras estaba sentada en sus rodillas, "guárdame este cuchillito" imitando el acento mexicano, como actor de película, y haciéndo como si me fuera a meter el cuchillito entre las costillas y así poder hacerme cosquillas. Lo hacía a pesar de saber que me ponía de malas... nunca le dije que al mismo tiempo me encantaba. Era nuestro juego y por mucho que le dijiera de parar me encantaba.
Pasamos momentos en la cocina, como ladrones, a comer a escondidas el arroz con leche que mami hacía, muertos de la risa porque sabíamos que nos iba a caer. Me acuerdo de verlo dar vueltas en el piso chiquitito que tenían en Gijón, como león enjaulado. Caminar juntos hasta ya no poder. Verlo sonreír y cambiar totalmente cuando venían camaradas a visitarlo, momentos en que sabíamos todos quedar callados y observar la maestría del orador. Miles de detalles que tengo guardados en la memoria de quién fué para mí el paisano, mi papi que fué mi padre y sigue siéndolo. El hombre que me dijo que un novio no era para mí porque era demasiado materialista y yo una soñadora. El que me habló un poco de sus experiencias y me escuchó cuando yo quería hablar.
El paisano no sólo le pertenece a Asturias, me pertenece, es mi padre y siempre estuve y seguiré estando muy orgullosa de él, como hombre político, como líder ideológico, como ejemplo personal.
Siempre será para mí el hombre que colgaba sus calcetines limpios a secar en el baño y se reía suavemente de mis tonterías. Que nos servía la sidra con maestría y hablaba con todo aquél que quería decirle algo en la calle. Mi papi siempre fué y seguirá siendo mi heroe. Un hombre ejemplar, mi papi.